El lado positivo de la rumba: Musica, baile y cerveza

Más allá de la difícil situación del sector nocturno y el entretenimiento por la restricción de la pandemia, cerrar los bares, gastrobares, discotecas y la no realización de eventos, desencadenó un efecto dominó negativo que dejan ver como este problema toma otros matices en su profundidad, hasta afectarnos a todos. Dejarse llevar por la música, abandonar el cuerpo para exhibir los pasos de baile en medio de la pista, mientras se toma uno que otro trago, son algo más que eso.

Por Mateo Cabellero | Marzo 4, 2021

A pocos días de cumplir un año del primer aviso de confinamiento, las consecuencias del cambio de la normalidad siguen azotando al sector nocturno (bares, discotecas y organizadores de eventos), quienes, en los casos más extremos, se han visto obligados a quebrar por falta de garantías.

La aguda problemática que atraviesan cientos de personas que viven del sector del entretenimiento por la crisis sanitaria se ha visto reflejada en reiteradas protestas durante los últimos días en Bogotá. Estas manifestaciones son un llamado de emergencia desde el desespero de quienes no pueden responder por un arriendo o una comida digna debido a su desempleo, sin embargo, en esta columna le contaré por qué más allá de esta delicada situación económica, esta difícil circunstancia nos alude a todos.

Cerrar los bares desencadenó un efecto dominó que dejan ver como este conflicto toma otros matices en su profundidad; va más allá de un permiso para que trabajen los dueños de bares, gastrobares, discotecas y organizadores de eventos, es contemplar los efectos negativos que provocaron la falta de espacios para bailar y escuchar música durante la pandemia en materia de salud mental, que según El Informe 3. Ansiedad, depresión y miedo: impulsores de la mala salud mental durante el distanciamiento físico en Colombia, confirma que aproximadamente 3 de cada 4 personas durante la pandemia se ha visto afectada por los síntomas más comunes como nerviosismo, cansancio e inquietud, resultados de una desgastante rutina laboral y estudiantil, mezclada con la incertidumbre del mañana. 

Desde que se detonó la pandemia, el impacto social que generó expuso un incremento de los indicadores de: estrés, temor, ansiedad, perdida del sueño; como el consumo de café, de alcohol y de sustancias psicoactivas, lo que ha marcado más escenas de intentos de suicidios y de suicidios consumados. Según Andrea López (2020) “A lo largo de la historia se ha comprobado este acontecimiento. Particularmente, la gran recesión entre 1929 y 1933 generó un aumento en suicidio en Estados Unidos del 22.8% a lo largo de esos años, durante la crisis económica asiática 1998-1999 las tasas de suicidio se dispararon en Japón, Hong Kong y Corea del Sur (39%, 44% y 45%, respectivamente) y en la recesión económica en Irlanda entre el 2008 y 2012 se evidenció un aumento del 57% en suicidios en los hombres (p. 2).   

Para iluminar más la gravedad del asunto, el suicidio ya era considerado un problema de salud pública que afecta a millones de personas alrededor del mundo, “para ilustrar, 800.000 personas mueren al año en el mundo por suicidio, de las cuales el 78% ocurren en países de medianos y bajos ingresos” (p. 2). Si bien el desempleo y la falta de ingresos económicos son el mayor motivo de los suicidios (razón urgente por la cual los mandatarios deben concertar rápidas soluciones para el sector nocturno y demás gremios vulnerados), el aumento de la soledad en el ser humano a raíz del confinamiento, según expertos franceses, “demuestra que la exclusión social está asociada con el aumento de la hipersensibilidad al estrés social” (p. 6), lo que a provocado en muchas personas no querer compartir con sus círculos más cercanos como una señal de angustia o miedo.           

Aunque paulatinamente se han reabierto los centros comerciales, los gimnasios, las cafeterías e incluso las iglesias, es paradójico que se estigmatice a bares, discotecas, gastrobares y organizadores de eventos como propagadores mayores de la enfermedad y no cuenten con una estrategia de reactivación laboral, más cuando, según un estudio de la revista científica Nuture, señala que el mayor de los focos de infección se concentra en el sistema de transporte público. Y es que cuando uno piensa en Transmilenio, hora pico, o bueno, la hora que sea porque siempre está lleno, la congestión del servicio hace parecer inevitable no infectarse del virus. Si bien el tema del covid no es un juego, hay que replantear lo contraproducente de las normas impuestas para controlar el virus, no solo desde lo económico, sino además desde la condición humana. 

Dejarse llevar por la música, abandonar el cuerpo para exhibir los pasos de baile en medio de la pista, mientras se toma una que otra cerveza, son algo más que eso. Si bien uno puede poner Spotify, bailar en el gimnasio rutinas de Zumba o pedir a domicilio las cervezas, entre tanta exigencia laboral (teletrabajo, el estudio y el mantenimiento de la casa) sumado a las preocupaciones por el virus, los cuales nos invade de una tensión y estrés constante (que a la vez es otro indicador que aumentó en la pandemia), no vendría mal la oportunidad de aliviar las cargas neuronales sin sentirse ilegal, claro.

Sin pretender ser parte del problema, sino en al revés proponer soluciones, tanto la música como la danza y la injerencia de alcohol en cantidades moderadas, reducen las preocupaciones, la ansiedad y el estrés, que bajo el carácter cuidadoso de un aforo regulado se puede contemplar su reactivación.

No más la música, señala Sarah Adler en un reportaje sobre salud cerebral (2020), en el último informe de “Music on Our Minds”, destaca las investigaciones que muestran el efecto positivo de la música en el bienestar emocional, incluida la mejoría del estado de ánimo, la disminución de la ansiedad y el manejo del estrés (…), el impacto de la música con el cerebro activa muchas regiones de éste, asociadas con la emoción y la memoria. Dicho esto, ya sabemos porque aún recordamos con emoción las farras que nos hicieron sentir vivo, sin olvidar, el importantísimo papel de la danza y el licor, de los que a continuación mencionaré con más detalle. 

El acto de bailar es casi un «desestresante natural» apunta María Alcaraz en su columna Los beneficios del baile para la salud mental, que nos permite meditar como en nuestra mente suceden cosas extraordinarias cuando bailamos, premisa respaldada por unestudio llevado a cabo por Zumba y dirigido por OnePoll, el cual determinan que el 93% de las personas encuestadas ha afirmado que bailar mejora su estado de ánimo; el 77% indica que recurre al baile como antídoto contra el estrés y el 89% se siente mentalmente aliviado después de bailar.­­Entonces ¿Será bueno para la salud mental de los colombianos que los espacios de entretenimiento tengan permiso para abrir sus puertas al público? Eso parece.  

En los últimos días, la alcaldesa Claudia López, informó que, en una posible reactivación del sector nocturno, lo que le preocupaba era un consumo de alcohol desmedido y no regulado. ¿Y cómo no preocuparse cuando los colombianos somos por tradición buenos para tomar? Tiene razón. Aunque este sea uno de los temas más controversiales, lo que es un hecho, es que no se puede prohibir el consumo en los recintos nocturnos, pues la economía de estas empresas encuentra una verdadera ganancia en la venta de licor. No obstante, así como ya mencioné el positivo impacto de la música y el baile para el desahogo mental, la cerveza —como la bebida más común de las noches de fiesta—, también aporta su grano de arena a la salud mental.

Como sugiere Bob Barnett (2013) “el alcohol puede aliviar el estrés cuando se consume en cantidades limitadas (…) Claro que el alcohol tiene sus desventajas, pero ¿quién no ha tomado unos cuantos tragos para despejarse? (…) El disfrute de las fiestas es mayor, en general, porque realza esa experiencia social. Beber en un grupo crea cohesión, aumenta los lazos y la creación del grupo; y esto es claramente un beneficio social”.  No podemos apuntar que el licor sea en su totalidad sano, pero sin duda, tampoco se puede ignorar el lado positivo para espantar el desgaste mental.  

Así, en conclusión, podemos reflexionar sobre el golpe que no solo lastima al sector nocturno   y del entretenimiento, como ya se dijo, sino a todos los que hemos sentidos el vacío de los fines de semana y sus rumbas salvavidas. Entonces ¿Deberán volver los bares a la cotidianidad de la vida? ¿Es la rumba alguna especie de medicina para el alma y mente? Déjanos saber que opinas. 

Bibliografía

Alcaraz, M. (2020, 17 de octubre) Los beneficios del baile para la salud mental: es un «desestresante» natural.ABC BIENESTARhttps://www.abc.es/bienestar/fitness/abci-beneficios-baile-para-salud-mental-desestresante-natural-202010170104_noticia.html

Adler, S. (2020, 29 de junio). La música puede ser una excelente manera de mejorar el estado de ánimo. ARRP. https://www.aarp.org/espanol/salud/salud-cerebral/info-2020/musica-para-el-bienestar-emocional.html

Cifuentes, A, et al. (2020, 11 de mayo) Informe 3. Ansiedad, depresión y miedo: impulsores de la mala salud mental durante el distanciamiento físico en Colombia. Profamilia. DOI: 10.13140/RG.2.2.32144.64002

Barnett, B. (2013, 26 de septiembre). ¿¡Salud!? ¿Realmente el consumo de alcohol ayuda a aliviar el estrés? Expansión. https://expansion.mx/salud/2013/09/26/salud-realmente-el-consumo-de-alcohol-ayuda-a-aliviar-el-estres